lunes, 9 de septiembre de 2013

Niña de nuevo

Quiero volver a ser una niña,
sin preocuparme en banalidades,
cuando las decisiones la tomaba con un zapatito blanco zapatito azul..
cuando la palabra mas cruel que podías escuchar era:  "vos no juegas"
Cuando me ponía los tacones de mi mamá, tomaba su pinta labios y
soñaba con ser grande.  .  .

Cuando creía que el príncipe azul y el amor verdadero
sería como en las películas.

Quiero volver el tiempo cuando solo pensaba en jugar.
cuando la carrera mas rápida era cuando gritaban "el ultimo es huevo podrido"
Quiero ser niña de nuevo y no preocuparme por los problemas del mundo
ni pensar en traiciones, injusticias,  ni decepciones... 
quiero aprender cosas nuevas mediante "¿por que?"....






Un café por vos


Quiero un café...

Quiero hacer un café con alguien, donde el caliente el agua, yo saqué las tazas, los sirva y el lo endulce, donde usemos la misma cuchara para revolver todo, tal vez el tenga la idea de arrojar una ramita de canela al agua hirviendo en ese jarrón de barro sacado del más profundo recuerdo hogareño, que el café quede muy caliente para decirle que no me gusta así, pero me encanta el proceso de como se enfría a lo largo de una conversación, para que al final, el dulce frío del fondo sea sólo el momento de anticipación para otra cosa con el. Para que el me diga que le encanta mientras más caliente está, el quemarse y sentir todo el calor, enmudecer y que la explosión de sabor recorra su cuerpo, que le gusta sin azúcar realmente, no por vanidad, sino porque en su pasividad y contemplación a la vida, le gustan los sabores fuertes, puros y sin contrastes, y que así debe ser el sabor de todo.Ese café que se hace con alguien estorbándose mutuamente en una pequeña cocina que no logra superar esa tonalidad de luz,  con ese suelo frío, un café que se saca de alacenas metálicas erosionadas por el vapor,  en una  que ahora es fantasma con su manchas.


La clase de café que se toma en el colchón del suelo, con muchas almohadas y cobijas que no se alisan ni cuando vienen las visitas, sobre ese edredón blanco que a pesar de todo no se percude, recargándose en las paredes  llenas de manchas grises que han ocasionado los cojines, la música ambiental es la dueña ancestral que cruje con cada respiración, viendo la ventana, marco bañado con los fósiles de esas manchas por las manos de pintura blanca. Llueve y el ruido de los vaivenes de unas hojas verdes; mosquitos verdes holgazanes zumbando dan recuerdo que a pesar del frío, aún es verano.


Esa clase de café anterior a dormir bajo un abrazo; ese abrazo sin intención sólo por compartir el momento, el que antecede la mirada de una sonrisa divertida y el beso corto, cálido y significativo.


Ese café que después de unas horas de dormir se transforma en el sabor que compartes en la boca de el, muy dulce de vos, muy amargo de el. La clase de sabor que invita a hacer otras cosas, a quitarse los zapatos con los cuales se quedo dormido en esas ocasiones, a quitarte las penas y pesares junto con la billetera y el teléfono del bolsillo, el sabor compartido que lo hace reír ligeramente avergonzado y divertido, el suspiro...




...Sí, esa clase de café yo quiero.